12 abril 2007

Salud

Massagué descubre cómo el cáncer de mama se extiende al pulmón

• Cuatro genes que trabajan en equipo favorecen el desarrollo del tumor y la posterior metástasis
• Dos fármacos existentes en el mercado para otras enfermedades se han revelado altamente eficaces

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IDOYA NOAIN / NUEVA YORK
ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

Funcionan como una auténtica pandilla: cuatro genes implicados en el cáncer de mama trabajan en equipo para favorecer el crecimiento de los tumores y facilitar su penetración y consolidación en los pulmones, que es la metástasis más común y una de las más peligrosas. Y para acabar con ellos hay que luchar también en bloque. EREG, COX2, MMP1 y MMP2 son unos viejos conocidos de los investigadores en oncología, pero ahora el equipo de Joan Massagué en Nueva York ha descubierto cómo se comportan, de lo que son capaces y, posiblemente lo más impactante, cómo inhibir su desarrollo: con una combinación de fármacos disponible en el mercado para otras enfermedades. Los detalles de la investigación se publican en la revista Nature.
"La desactivación de los cuatro genes de forma individual desacelera el crecimiento y metástasis del cáncer, pero el bloqueo de todos al mismo tiempo posee efectos mucho más importantes", insiste en una entrevista el investigador catalán, presidente del programa de Biología y Genética del Cáncer del Centro Sloan-Kettering. La metástasis es la causa principal de mortalidad entre los pacientes de cáncer.

VASOS SANGUÍNEOS
Massagué y su equipo descubrieron en una investigación anterior 18 genes que poseen una actividad anormal asociada a la capacidad que tiene el cáncer de mama para extenderse. El estudio actual se ha centrado en los citados EREG, MMP1, MMP2 y COX2, que codifican unas proteínas llamadas epiregulina, COX2 y metaloproteinasas de matriz 1 y 2, conocidas también porque intervienen en el crecimiento y formación de los vasos sanguíneos.
Los ensayos se hicieron con roedores, "pero no fueron los tumores de un ratón, sino de un humano trasplantados a un ratón, que es un paso imprescindible", dice el científico. Los análisis revelaron por una parte que la desactivación de los cuatro genes reducía el entramado de vasos sanguíneos típico de los tumores, les quitaba fuerza. Y, por otro lado, que los vasos sanguíneos tumorales que sí lograban formarse dejaban que menos células cancerígenas fluyeran hacia los pulmones y se reducía la capacidad de metástasis.
Massagué explica que el estudio tiene implicaciones para dos comunidades diferentes: la científica y la sociedad en general. Para la primera, el artículo "representa una evidencia adicional de que el proceso de metástasis --que es la parte más grave pero también desconocida de la biología de los tumores-- puede ser analizado y entendido. No es imposible penetrar en él". Para los pacientes de cáncer, el descubrimiento "muestra que es posible derivar ideas muy concretas sobre cómo poder aplicar terapias".
Massagué afirma que uno de los aspectos más destacados de su investigación ha sido la comprobación de que "las células que generan metástasis son atajables incluso con medicamentos que ya existen". Cuando los investigadores identifican un nuevo gen, una nueva diana contra la que desarrollar terapias, el proceso de desarrollo de esas terapias significa siempre "esperar de 10 a 15 años de pruebas, de desarrollo, y en muchos casos de fracaso". En este caso, sin embargo, su equipo ha trabajado con medicamentos --un antiinflamatorio y otro medicamento aplicado al cáncer de colon-- que ya están en el mercado. "Ahora tenemos razón para aplicarlos de forma combinada en aquellos cánceres de mama que tengan un riesgo elevado de reproducirse en el pulmón, riesgo que es también medible y predecible", según en sus palabras.
Para que esas mismas pruebas se puedan realizar en humanos, aún pasará un tiempo, aunque Massagué confía en que no sea mucho: "un par de años" de pruebas con "varios centenares de pacientes", que relativamente es muy poco tiempo en el mundo clínico. "Como se trata de medicamentos ya aprobados y muy leves en cuanto a efectos secundarios, ya estamos en discusiones avanzadas con nuestros colegas científicos clínicos para diseñar las pruebas en pacientes adecuadas. Es una cosa inmediata, pero no tan sencilla como parece", insiste el investigador.
La cuestión, según analiza, es que, "por suerte para los pacientes con cáncer de mama ya, hay muchas cosas que se pueden hacer". La quimioterapia, por ejemplo, está diseñada para combatir el riesgo de metástasis de células que ya se habían diseminado cuando el paciente pasó por el quirófano y se le extrajo el tumor inicial de mama.
Ahora, a esos pacientes "no se les puede quitar la medicación que tienen para ver si esta combinación va a mejor". Y en eso están trabajando su equipo y los científicos clínicos: "En diseñar de qué forma se podría, sin interferir con los beneficios que ya obtiene el paciente de las medicaciones existentes, probar adicionalmente esa nueva combinación".

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